En esta villa residencial, la carpintería de madera se convierte en un elemento estructural del proyecto arquitectónico. Para su ejecución se ha empleado madera de iroko decolorado con beta texturizada, una elección que aporta solidez, estabilidad y una presencia cálida, en diálogo constante con la arquitectura y el entorno.


La obra destaca por las grandes dimensiones de los huecos y por el diseño de unos perfiles de hoja fuera de lo habitual, con anchos y espesores que superan los 20 centímetros. Esta decisión técnica no solo responde a una cuestión estética, sino a la necesidad de garantizar resistencia, durabilidad y un funcionamiento preciso en cerramientos de gran formato.

Las hojas correderas se han resuelto con guías completamente ocultas, tanto en suelo como en techo, integradas directamente en la obra. Este sistema permite una lectura limpia de los espacios y refuerza la continuidad entre interior y exterior, eliminando elementos visuales innecesarios.


El proyecto se apoya, además, en una selección consciente de materiales naturales —madera, hierro, piedra y cerámica—, evitando soluciones sintéticas y apostando por una arquitectura honesta, duradera y atemporal.

Más allá de los aspectos técnicos, esta vivienda destaca por las sensaciones que transmite. Las proporciones, la entrada generosa de luz natural y la posibilidad de replegar completamente las grandes hojas correderas generan espacios abiertos, fluidos y bien conectados con el exterior. A ello se suma un elevado aislamiento térmico y acústico, que contribuye a crear un clima interior de confort y equilibrio.



Es precisamente esta combinación de técnica, materialidad y bienestar lo que convierte este proyecto en un ejemplo claro de cómo la carpintería de madera, bien entendida y ejecutada con precisión, puede transformar la forma de habitar un espacio.